"... estaba tan acostumbrada a que le ocurrieran cosas extrañas, que se sentía defraudada cuando las cosas no ocurrían como siempre!"
(Lewis Carroll)
(Lewis Carroll)
Después de buscar sin éxito la cámara escondida me convencí de que estaba participando en algún concurso de mal gusto que premiaría mi paciencia... el premio nunca llegó y yo no he parado de fluctuar entre mundos bizarros y paralelos, he recorrido casi todo Polanco y una buena parte de Chapultepec, he hablado con cientos de personas, visitado decenas de espacios y realizado tantos trámites que he perdido la cuenta... y aún no tengo respuesta.
Estas últimas semanas la rutina ha adquirido forma de sin_sentido, he pasado de lugares fríos y escalofriantes a espacios ridículamente amables, me he topado con funcionarios que se limitan a señalar y con alguno que ruega porque saque la espada y grite, he recibido toda clase de información, poco a poco voy memorizando los distintos horarios y las mañas del personal, he aprendido a dónde no llegar con cinturón y en dónde es recomendable llegar incluso antes de que abran.
Los momentos más memorables:
-Aquél en que no encontraba la salida de la embajada (cual ratoncito en laberinto)
-El señor españolete que pedía a gritos que me comporte como hiena en el consulado
-El feliz-feliz mundo de aquella casa de cambio (probablemente regida por oompa-loompas)
Alguien me sugirió que hiciera de esta experiencia un cuento, la idea no es mala, pero no soy buena escribiendo relatos de terror!
Estas últimas semanas la rutina ha adquirido forma de sin_sentido, he pasado de lugares fríos y escalofriantes a espacios ridículamente amables, me he topado con funcionarios que se limitan a señalar y con alguno que ruega porque saque la espada y grite, he recibido toda clase de información, poco a poco voy memorizando los distintos horarios y las mañas del personal, he aprendido a dónde no llegar con cinturón y en dónde es recomendable llegar incluso antes de que abran.
Los momentos más memorables:
-Aquél en que no encontraba la salida de la embajada (cual ratoncito en laberinto)
-El señor españolete que pedía a gritos que me comporte como hiena en el consulado
-El feliz-feliz mundo de aquella casa de cambio (probablemente regida por oompa-loompas)
Alguien me sugirió que hiciera de esta experiencia un cuento, la idea no es mala, pero no soy buena escribiendo relatos de terror!
"¿Podría usted indicarme entonces -le preguntó Alicia- qué tengo que hacer para entrar?"
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