domingo, 15 de noviembre de 2009

París: el regreso accidentado (parte ll)

"Que difícil se me hace
Mantenerme en este viaje
Sin saber a dónde voy en realidad..."
(Alejandro Lerner)

Terminando el recorrido del último día Alex pensó que sería mejor ir al aeropuerto antes de tiempo y comer ahí, parecía que no podíamos perder con esta idea.

Una hora antes de lo planeado estábamos en la estación de trenes esperando ir a destino cuando una voz anunció que los viajes se habían cancelado y si queríamos ir al aeropuerto deberíamos cambiar de andén y esperar ahí -en ese momento no lo sabíamos, pero justo había iniciado una huelga de transportistas-. Un policía nos sugirió que tomáramos el metro unas cuantas paradas y de ahí el autobús que llega directamente al aeropuerto... pensamos que sería la mejor idea. Después de unas cuantas estaciones en un vagón lleno de gente, caminamos hasta el bus en cuestión, el conductor no aceptó el ticket que teníamos y no teníamos más dinero con nosotros, el cajero más cercano no nos servía así que decidimos regresar al metro y ver nuestras opciones.

Después de negociar unos pases de entrada y comprobar que todo seguiría detenido reconsideramos la opción del bus y nos lanzamos en búsqueda de un cajero que pudiéramos usar, lo encontramos, corrimos y llegamos a la parada del camión que no esperó por nosotros. El siguiente llegó con media hora de retraso, el tráfico de la ciudad nos tenía casi detenidos y llegamos al aeropuerto en el momento en que nuestro avión despegaba... no llegamos a tiempo. Fue imposible reservar otra plaza y finalmente decidimos bajar a la taquilla de trenes y comprar dos boletos para volver a casa.

El próximo tren salía a la mañana siguiente de la estación de trenes del Este, para llegar ahí teníamos que ir primero a la del Norte y caminar unas diez cuadras. No teníamos dinero o alojamiento y nuestro plan de pasar la noche en el aeropuerto fue cambiado de pronto por el de quedarnos en la estación de tren... tren de regreso (ya funcionaba), muuuchas paradas y llegamos casi a la media noche a una zona terrible, me temblaba todo mientras nos dirigíamos a la estación que nos tocaba, nuestras mochilas y la cara de desorientación nos hacían blanco fácil en una zona muy poco amigable... pero llegamos con bien. Encontramos el lugar casi desierto, descubrimos que el último tren del día saldría pronto y la terminal permanecería cerrada hasta la mañana siguiente... no era posible buscar un hostal ahí, era muy tarde para andar caminando sin rumbo y no podríamos quedarnos como lo habíamos planeado, no quedó de otra: había que volver al aeropuerto. Tomamos el metro hasta la estación de antes, el tren de regreso al aeropuerto no fue más amigable que el barrio anterior, evidentemente éramos intrusos en ese espacio, pero afortunadamente llegamos en una pieza.

El lugar enorme, caímos en una terminal solita, un par de personas dormidas y personal de limpieza que terminaba su turno. Nos agarramos unas banquitas y tratamos de dormir un par de horas.

Muy temprano al día siguiente nos lanzamos de nuevo a la estación de tren, quedaba una hora para la salida del nuestro. Después de pararnos largo rato bajo los calefactores encontramos una mini salita de espera... la compañía ahí era peculiar, gente con desórdenes varios y miradas perdidas, mejor volvimos al calorcito de pie.

Finalmente tomamos el tren de regreso a casa... y ahí... ahí empezó la segunda parte de esta historia que contaré en su debido momento... sólo puedo decir que involucra a la policía de frontera, un pudín de chocolate y una mexicana con un pelotón de ángeles que le guardan sin cansancio.

No hay comentarios.: