viernes, 14 de agosto de 2015

Este viaje a México...

"...De cada trozo de tierra o del mar han usurpado algo y así me formaron, condenándome a la eterna búsqueda de un lugar de origen."
(A. Pizarnik)


Este viaje a México no estaba planeado. Las ganas de volver pronto siempre estuvieron pero no fue hasta unos días antes del vuelo que supe que podría ir a casa y formar parte del gran evento... el viejo cumplía 70 años y valía la pena hacer el esfuerzo y llegar a abrazarlo.

Llegué en la madrugada del gran día después de veinte horas de vuelo y tres aviones distintos, con un corte de pelo reciente que urgía ser retocado. Pero al final todo se dio a favor y la sorpresa en la noche fue hermosa. Ver la alegría de nene en la cara de mi padre, a la gente querida brindado por su vida y, sobre todo, a mi familia tan cerca y tan plena son regalos que bien valieron el desvelo.

Esta vez fue una visita silenciosa, sólo familia y amistades muy cercanas supieron de mi regreso y aproveché para abrazar a los míos, jugar y cantar con mis grandes amores y disfrutar largas y profundas charlas que se quedan en mi pecho para siempre.

También fue tiempo de trámites, aquéllos que de vez en cuando creo dominar pero que siempre tienen algo nuevo, trámites burocráticos que he hecho varias veces y aún no dejan de desesperarme. Como eso de la sincronicidad es lo mío, coincidió que las tres semanas de mi viaje eran las correspondientes a las vacaciones administrativas de la uni, así que hubo que extender el viaje y hacer todo en poco tiempo.

La extensión del viaje no fue fácil y un error de cálculo de mi parte dejó el vuelo para el día en que se celebraba el cumple del sobri más peque, pero tuve la fortuna de abrazarlo en su mero día y hacerle un pastel coloreado. Los dichosos trámites me tuvieron recorriendo gran parte de Ciudad Universitaria y Chapultepec, me tocó hablar con profesores, ingenieros y jurídicos; tratar de negociar acuerdos y llegar como siempre a la conclusión de que algunas cosas son simplemente absurdas. Afortunadamente casi todo quedó listo y la familia me seguirá haciendo el paro en mi ausencia.

El regreso fue largo y accidentado. Un borracho impertinente en el avión, un desvío a Asunción para que la seguridad local se encargara de él y luego una tormenta severa en Montevideo que requirió redirigir el destino, hicieron de ese trayecto algo memorable. La balanza jugó a mi favor en esta ocasión y la serie de eventos me evitó una escala larguísima en Uruguay y me llevó directo a Buenos Aires unas horas antes de lo planeado. Admito que me reí un poco ante las circunstancias, me deleité ante la complicidad creada entre los pasajeros y además me dí el lujo de disfrutar el modo en que los sucesos a veces se desenvuelven.

Ahora ya en el nuevo hogar, con lluvias que no paran y cielos grises, me siento con una taza de té a esperar lo que viene... que venga, pues... que venga.

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