"Le debo una canción a lo imposible
a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza..."
a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza..."
(Silvio Rodríguez)
Cada día es mayor el desconcierto cuando pienso en nuestra forma de vida, nuestra civilización ha interferido de tal manera con nuestra naturaleza que el ser humano vive ahora para pagar deudas y vivir estresado. Me pregunto en qué momento decidimos complicarnos la existencia, inventamos que necesitamos esto y aquello, que hay que desgastarnos en un trabajo exhaustivo y que es normal esto de vivir con ansiedad. En qué momento es que dejamos de escuchar al cuerpo, que cerramos las puertas y decidimos sentarnos, que reglamos el tiempo y empezamos a mirar el cielo sólo para ver el clima; en qué momento inventamos una serie de comodidades esclavizantes que quitan la atención a la salud y los afectos.
Y dejamos de ser comunidad, acumulamos cosas y no momentos. Dejamos de ver al otro, dejamos de vernos a nosotros mismos. Vamos dejando atrás nuestra esencia mientras adoptamos el gris que alguien dijo que nos corresponde.
Dejamos de sentir la luna, de abrir los brazos al viento. Y
vivimos un día tras otro como si fuera el mismo, nos adormecemos y
dejamos pasar la vida. Y se nos olvida que somos milagros, que dentro de
nosotros vive el cosmos entero, que se nos ha regalado una oportunidad
maravillosa. Se nos olvida que somos parte de algo más grande, vivo, que
late y abriga.
Yo hoy elijo, yo que puedo elijo. Elijo sentir, andar, reír, amar... amar mucho, abrazarnos, caminar descalza, oler el pasto y la lluvia; vestirme con flores, bailar y bailar. Elijo escuchar mi voz, elijo alzarla. Elijo disfrutar lo que hago, elijo disfrtuar mi vida; elijo llenar el corazón antes que los bolsillos. Elijo a Gaia, elijo el alma. Elijo andar esta vida para brindar a otros la oportunidad de elegir también.
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