Aprovechando la visita de mi mami arrancamos el postergado viaje a La Pampa. El reencuentro con los viejos aromas, las tan recorridas calles, el columpio ya desgastado que sigue aferrado como un guerrero a esa rama, como quien quiere evitar el paso del tiempo y cerrar los ojos a los cambios. Y es que aún con tantas cosas que siguen intactas, se han ido construyendo nuevas visiones y otras generaciones se abren paso.
Fue un viaje conmovedor, que cobró un sentido especial al ser compartido con mi madre. Revivimos historias, compartimos recuerdos y emociones, vivimos duelos y aprendimos a ver los mismos ángulos desde miradas nuevas.
Mi corazón está repartido, sembrado en distintas tierras y vivencias, y sin duda entre los caldenes y los cielos naranjas germinan también sus ramas.
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