"Pueden abrigar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas viven en la casa del porvenir..."
(Khalil Gibran)
Mi espacio en la fundación está en el subsuelo, alejado del resto. Comparto el área con dos amigas queridas con quienes he formado un gran equipo; distintas especialidades, cada una desde su trinchera trabajando de manera conjunta por objetivos comunes y miradas compartidas.
"Si viene un tornado nosotros nos salvaríamos", dijo inocentemente un niño el otro día mientras miraba el consultorio; una frase que sigue haciendo eco dentro mío porque, meteorología aparte, sus palabras están cargadas de un valor simbólico importante. Es cierto, nuestra sección no es decorosa y no cuenta con el material ni las
instalaciones de punta de las otras áreas, pero es un lugar de sostén y acogida; en medio de las tempestades y las sacudidas, el nuestro es un espacio que nos aloja y nos proteje, nos cobija y nos pone a salvo.
Es un lugar que se ha ido construyendo con muy poco pero que tiene mucho, en donde hacemos magia, nos transformamos y nos compartimos... un sitio que cada chico colorea de algún modo, en donde hay pinceladas y juegos y música... pero sobre todo en donde hay risas y corazones auténticos.
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