Maybe this world is another planet's hell.
(Aldous Huxley)
Crecí en los ochenta. La década de las transgresiones, la irreverencia y las rupturas a la norma. En ese tiempo un pantalón rasgado representaba un desafío, más allá de flequitos colgados o paliacates en los jeans, se trataba de modas acordes a un movimiento.
Hoy la moda es otra. Es rota. No sólo la ropa es rota, la moda, la sociedad lo está también. Todos los días veo pantalones y playeras rasgados, con agujeros enormes, deshilachados, incluso reducidos en tamaño y desproporcionados con el cuerpo. Prendas muy caras, que parecen simular la moda de la carencia. Justo el otro día vi a un par de chicas pasar frente a un hombre indigente, caminando con estilo ellas, con sus jeans tan rotos que las rodillas asomaban por los agujeros; y no pude evitar preguntarme qué pasaría por la cabeza de aquel hombre, que quizás sólo desea un par de pantalones en buen estado.
Entiendo que no es intencional, no para todos los usuarios, pero hay algo macabro detrás de una moda que imita la realidad del vagabundo, del náufrago, del indigente. Hay algo oscuro cuando se vuelve cool simular carencias, sabiendo bien que llegaremos al calor de nuestra vida privilegiada, mirando a un lado una realidad creciente de necesidades que se multiplica a cada instante.
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