viernes, 18 de octubre de 2019

38!!!

The bright blessed day, the dark sacred night
And I think to myself what a wonderful world
(Louis Armstrong) 

Hace años comencé la tradición de tomarme una foto después de bañarme, en el día de mi cumpleaños. Al natural, sin adornos, just as I am... como un testimonio de ese día, de mi existir, de mi nueva vuelta de vida. De tanto en tanto me gusta observar esas fotos, observarme en esta transición. Reconozco que me veo muy igual, y que me veo muy cambiada también. Veo los cambios en mi cabello, los hilos de luna que ahí brillan deslumbrantes, las arrugas en el borde de los ojos y la marca apaisada en la frente, y me alegra saber que son signos de una vida vivida, andada, jugada. Son huellas de la risa y la sorpresa, y de la palabra que sale gesticulante como ave al viento. Hay otras tantas que la cámara no capta, como la molestia en el hombro, la cicatriz en el dedo, el hoyuelo sobreviviente de aquel carrito chocón, vestigios de momentos inmensos, de golpes y sanaciones, de caídas y estoicos levantares.

Es un privilegio, llegar hasta acá es un privilegio. Por eso disfruto los cumpleaños y por eso celebro la vida, porque si no fuera por estos treintayocho años de recorrido, no hubiera sido capaz de aprender lo que he aprendido, de subir lo que he subido y de girar esta espiral las veces que lo he hecho. Es el camino de una persona, de un ave, de una guerrera ... del tipo de guerrera que tiene a su lado una red de afectos tan inmensa, que jamás podrá caer en el abismo. Estas alas mías son cada vez más inmensas, y por eso brindo agradecida, porque no sé porqué fui elegida para vivir tan hermosamente la vida.

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