Todo empezó hace unos meses con la ciudad empapelada con nada más que el nombre del artista... hace poco se anunció oficialmente la apertura de la exposición: Kandinsky- Absolute. Abstract; la más grande complilación de las obras del pintor.
La cita era en el Lenbachhaus y prometía ser asombrosa... con muchas capas de ropa y el corazón saltando llegamos al museo... serigrafías de sus primeros años, algunos esbozos de sus trabajos y luego salas y salas de grandes pintores que compartieron pinceladas con él... al final pasamos por un par de salones con una mezcla bizarra que combinaba arte florentino con fotografías de los 80s... concluyó el recorrido sin más... no había rastro de las grandes obras del autor y un dejo de desilusión dejó su estela... terminamos en la tienda de regalos admirando alguno que otro póster de las pinturas que nos perdimos.
Al salir del lugar una de las encargadas de seguridad nos preguntó si habíamos visto todas las pinturas... "creo que sí", respondí... "mmm... ¿hay más?", preguntó Alex ... resultaba que la gran exposición se encontraba enfrente, en una galería adaptada en la estación del metro! Sabíamos que el museo contaba con un espacio ahí, pero ni en un millón de años nos hubiéramos imaginado que tal exhibición estaría a unos metros del tren subterráneo... ahí sí, empezó lo bueno... desde sus primeros trabajos hasta sus últimas creaciones las obras del autor se imponían frente a nosotros... impresionantes.
Sólo pensar en cuántas veces pasamos por ahí en nuestro viaje a casa, cuántas personas pasan por ahí diariamente en sus trayectos cotidianos, a veces somnolientos... mientras la grandeza del pintor ruso se exhibe a unos pasos con todo su esplendor.
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