jueves, 29 de diciembre de 2011

Varsovia (2)



Un destino no antes contemplado, la oportunidad se presentó y afortunadamente tuve chance de caer en tierras polacas. Hotel fregón, vista espectacular... old town como salido de maqueta, pinito navideño recién encendido y un perfecto fin de semana compartido.

Obviamente... además de los altos, algunos bajos e intermedios. Mi maleta llegó un día más tarde. Ya en el aeropuerto de Munich el presentimiento no fue bueno al ver que todos [independientemente del vuelo] despositábamos nuestras maletas en el mismo sitio. La desconfianza se apoderó de mi persona y en el acto llené una tarjetita extra con mis datos que até con doble vuelta a la valija. Quedé un poco más tranquila cuando avisaron que el vuelo saldría retrasado porque aún seguían subiendo el equipaje al avión... nunca aclararon el equipaje de quién. Sólo al rededor de 10 maletas llegaron a Varsovia en nuestro vuelo, así que casi todos los pasajeros fuimos redirigidos a la oficina de equipaje perdido a denunciar nuestras pertenencias. Lo ocurrido: en Munich se tronó el sistema de maletería y, organizados como son, no supieron actuar en crisis... las maletas de miles de destinos fueron extraviadas y no había forma de saber el rumbo al que habían sido enviadas... sólo para Varsovia se perdieron 250. Y es que... ¿qué tan difícil es irlas amontonando según el destino desde el principio? Agarrar un mecatito, o ponerles post-its de colores... uff, ausencia de creatividad latina.

Así las cosas, el hotel fue el que se encargó de los arreglos pertinentes y gracias a ellos la maleta fue recuperada 24 horas más tarde. Para entonces yo ya llevaba dos días con la misma ropa y había comprado todo el kit de higiene personal en lo que llegaba lo mío.

Fuera de ese percance todo marchó viento en popa, aunque con algunos puntos inusuales. El segundo día decidimos ir pal otro lado de la ciudad y conocer un parque famosón con palacio incluido. Al caminar nos encontramos con la verdadera cara de Varsovia, una ciudad llena de cicatrices que todavía tiene frescas las heridas de la guerra. Edificios grises, muy grises... impactos de balas y pedazos de pared faltantes... una vibra crudísima que me tenía con la piel erizada. El famoso parque pareció sacado de un cuento de hadas... el paisaje pelón y helado contrastaba con el azul del plumaje del pavo real que caminaba a sus anchas. Después de posar para las fotos voló al árbol más cercano y de ahí a ramas cada vez más altas; desde la altura nos observaba mientras las fotos que intentábamos tomar se viciaban con destellos extraños o salían movidas. De ahí todo inexplicable... el señor al lado nuestro frente al palacio, con la mirada fija a la nada, nosotros perdidos sin idea alguna de dónde podría estar alguna salida, miradas extrañas a nuestro paso mientras la cortina de la noche caía sobre nosotros. Después de hallar luces a la distancia y caminar sin avanzar un buen rato, pudimos salir de ese lugar que sin duda desafía las leyes del tiempo y el espacio, en donde la lógica pierde sentido.

Bus al centro de regreso y de ahí muchos momentos lindos. Un viaje más que se agrega a la lista de los inolvidables.

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