viernes, 16 de diciembre de 2011

Venecia (1)

"The fogs that were common in these winter days could transform people and objects,... into mysterioys phantoms from the past."
(Donna Leon)

Con tantas entradas pendientes he ido posponiendo escribir sobre los últimos viajes. Como no podía ser de otro modo se trata de historias de locura caricaturesca que vale la pena relatar. Sin más, aquí la primera parte de las escenas caóticas de dos experiencias que ya marcaron mi vida.

VENECIA

Tantos años esperando pararme en esas callejuelas laberínticas. Llegó la ansiada hora de volar y con ella los episodios de novela. El vuelo de ida salió con retraso; salió al menos, ante nuestra duda originada por la bipolaridad de la información compartida por el piloto, quien cambiaba la versión de los hechos dependiendo el idioma elegido... en inglés comentó que el vuelo se había cancelado, en alemán que esperábamos a un técnico para que arreglara algunos imperfectos... afortunadamente fue la versión alemana la que ganó la partida.

Llegando al hotel preguntamos dónde podríamos comer, porque las tripas exigían calorías urgentes. El hotel estaba a las afueras y el restaurante más cercano quedaba a un par de "cuadras" sobre la carretera. El establecimiento resultó ser un café frecuentado por caballeros, asumo que empleados de fábricas y obras cercanas, para los que nuestra presencia [mi presencia] resultó evidente. Sólo yo... y las dos meseras. Con el hambre que teníamos la pizza bien valió la pena el sentir cientos de ojos sobre nosotros...

Al día siguiente se perdió el celular de H., un juguetito con muchas funciones que hacen ojitos a cualquiera. Después de regresar al tren, de buscarlo en la estación y preguntarle a la checadora retachamos a la estación de la que habíamos partido originalmente. Bendita gente honesta, ahí esperaba el teléfono por nosotros. Más tarde esa noche me cayó mal la cena... el desenlace no fue tan divertido.

Un par de días después nuestro avión de regreso fue cancelado. Salimos casi cinco horas más tarde de lo planeado por culpa del banco de niebla que oscurecía a Munich. La poca información no fue motivo de molestia, ni el hecho de haber tenido que recoger nuestras maletas para despacharlas nuevamente. No pasó nada por la espera, que sólo nos llevó a conocer un par de personas y hasta salir ganones con un libro regalado. Pero antes de subir al avión nos tocó la mala actitud de una azafata incompetente que con el tono más altanero nos dijo que no tenía tiempo de aclarar nuestras dudas. Ahí sí perdimos la paciencia, y con la nuestra la de un par de pasajeros más... uno de ellos entró al quite en nuestra defensa. El avión de regreso no era avión sino avioneta, y parecía ambientada en peli barata de los 80's.


Como siempre, contratiempos aparte se trató de un viaje mágico. Las risas compartidas, el paseo gondolero con serenata, las perdidas en las callejuelas y el descubrimiento de rincones maravillosos... el concierto gratis, las cenitas, la mejor pizza... los edificios, los museos, las historias... experiencias hermosas que quedan grabadas para siempre.

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