"Me parezco al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo como era su casa."
(Bertolt Brecht)
Soy una convencida de que deshacerse de posesiones acumuladas es muy sano... dejar salir lo viejo para que entre lo nuevo. Lo encuentro reconfortante material y simbólicamente, se libera espacio, fluye la energía.
Pero reconozco también que soy de las que atesoran todo, me cuesta mucho dejar ir tan fácil. Guardo papeles, cartas, cuadernos, paletas... algunos por su valor sentimental, otros tantos "por si acaso llegara a necesitarlos". Lo cierto es que rara vez requiero volver a usarlos, y las pocas veces que se da el caso no recuerdo tener el objeto requerido y si sí, de plano no se en dónde lo puse. Y de tanto en tanto toca hacer limpieza profunda y es cuando me despido de algunas cosas, no sin antes pasar tiempo releyéndolas, o sonriendo al recordar algún momento.
Ahora con la nueva mudanza mucho se está yendo. He tirado unas seis bolsas de basura y una cantidad similar fue donada a la Cruz Roja con diversos artículos. Las cosas siguen saliendo y da la impresión de que no se acaba lo que hay en este pequeño cuarto. Me impresiona todo lo que se ha ido en estos días, pero se siente bien. Se siente bien dejar ir y me siento satisfecha. La vida es eso... renovaciones, transformación; a veces toca viajar ligero para que en el camino se vayan recogiendo nuevas memorias.
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