viernes, 13 de noviembre de 2015

Chubut


La idea rápidamente se convirtió en sueño, y así estos meses nos dedicamos a planear e imaginar lo que sería por fin estar en la Patagonia argentina. Por noches y noches hablamos sobre pingüinos y ballenas, sobre paisajes, sobre escapes. Pero los sueños se quedaron cortos, nada nos había preparado para esa inmensidad azul, tan azul; para andar tierras prehistóricas, navegar al lado de seres majestuosos y fascinarnos cada vez más con aves salidas de cuentos... tocamos fósiles, oímos olas que hablaban otro idioma. Y entre todo, nunca esperamos que el corazón se quedara especialmente en la gente; porque entre lobos marinos y guanacos, resultó ser que nuestros anfitriones son los que nos dejaron encantados, quienes nos mostraron que este mundo es bello y nosotros con él, que entre consejos y carcajadas nos iluminaron como dos soles y nos recordaron que la vida es hoy y no vale bajar los brazos. 

La vida va hilvanando relaciones, afectos, experiencias... y algunas veces da regalos que crecen el alma.

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