"Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos..."
(Oliverio Girondo)
Cuando era chica me causaban cierta fascinación los sauces llorones, me conmovía imaginando historias que pudieran entristecer tanto un árbol que tuviera que llorar sus ramas y cerrarse al mundo. Ayer, sin embargo, me encontré con otro tipo de árbol llorón, berrinchudo diría, cuyas lágrimas torrenciales siguen dando saltos en mi extrañada memoria.
Caminábamos por las calles de Palermo Viejo cuando de repente, como si hubieran abierto las compuertas, cayó profusa cantidad de agua sobre un auto; el chorro copioso no venía de los balcones o de alguna nube pasajera, sino de una rama del árbol que cobijaba el vehículo con su sombra. El cielo abierto y el sol resplandeciente sólo adherían misterio al enigma, y mientras mirábamos boquiabiertos la alta copa llorona otra rama empezó a sacudirse suavemente, lloviznándonos encima y obligándonos a resguardarnos mientras pasaba la pequeña tormenta.
Extraños fenómenos que nos regala madre tierra... quizás dentro de esos troncos hay seres sensibles y melancólicos que ven pasar nuestra breve historia mientras sostienen el mundo y lo mantienen vivo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario