lunes, 30 de abril de 2018

Bajo agua


"...a la gente no le quedó otra alternativa que adaptarse. Y muchos se volvieron peces."
(Reynaldo Arenas) 

De un viaje cancelado a una serie adictiva, fueron decenas de factores los que nos llevaron a estar despiertos y actuar con prontitud en aquel momento: el momento en que se nos inundó la casa. Era bien entrada la madrugada y la tormenta arreciaba cada vez con más fuerza, los rayos no dejaban de iluminar el cielo y más de uno cayó cerquita nuestro. Hicimos una pausa para asomarnos a la ventana del jardín y disfrutar el aguacero, sin imaginar siquiera todo lo que ocurría ahí fuera. Un comentario mío resonó en el Puchus, que rápidamente descubrió que el agua, constante y silenciosa, se abría paso en nuestra cocina y empezaba a entrar en la sala.  

En nada había toallas y trapos tratando de detener el torrente que no paraba de entrar. Escurriendo él por un lado y yo por el otro empezamos a revertir el flujo y poco a poco tomamos el control de la situación. Hubo que mover muebles, escurrir y reescurrir, secar con calor el piso, limpiar y desinfectar, finalmente bloquear la puerta con un mate de yoga y muchas muchas toallas para cerrar el paso. Fue extenuante pero por suerte no pasó a mayores, todo se conjugó para que actuáramos en el momento justo, para defender estoicamente nuestro pedacito en medio de uno de los peores temporales de Baires.

No cabe duda, somos un equipo. Yo en los momentos de crisis emocional, en aquellos en los que la incertidumbre azota. Él cuando lo práctico es urgente, cuando no hay tiempo de darle vueltas a la ardilla.

Ahora queda revertir las ñáñaras, la revoltura de la tripa cada vez que hay un trueno. Retomar nuestra paz y nuestro goce con el sonido de la lluvia, que por tantos años ha sido canción de cuna.

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