miércoles, 19 de diciembre de 2018

De angelotes y paraguazos

"You live you learn, you love you learn
You cry you learn, you lose you learn
You bleed you learn, you scream you learn"
(Alanis Morissette)


Me pasan cosas raras y cargo un historial de torpes accidentes en el anecdotario. Sólo en Argentina me he dado unos cuantos trancazos importantes con orígenes tan absurdos que resultan increibles las historias. Afortunadamente son situaciones engorrosas que a pesar del riesgo no me han generado daños graves, sólo puedo imaginar al pelotón de ángeles sosteniéndome en cada paso.

A unos días de haber llegado a estas tierras, aún viviendo en el hotel, me levanté de golpe y me clavé la puerta de la caja fuerte justo debajo del ojo. A unas horas de firmar ante notario nuestro contrato de alquiler, tenía un antifaz morado y un mareo atolondrado, que desaparecieron mágicamente tras una noche de sueño. En otra ocasión aterrizó en mi nariz la tapa de la licuadora, que bajó girando como un frisbee desde la parte superior del refri, justo a unas horas de ver a mi padre, el que entra en pánico con cada accidente nuestro; una vez más se acomodaron las cosas a mi favor. 

Ayer guardaba el paraguas en mi bolsa, el espacio era apretado así que había que ir haciendo hueco. no sé bien cómo o porqué, fue presionado el botón que abre el dispositivo y el paraguas se estiró en el acto, dándome un golpazo con el mango en el cachete izquierdo. Contra todo pronóstico, pude llegar al colegio sin marcas en la cara, aunque eso sí, me punza aún la mejilla con cada carcajada.

Creo que lo que quiero decir con todo esto es que sé que soy atolondrada pero también bendecida, que mis experiencias inexplicables quizás responden a mis revoluciones internas, pero mi resiliencia permanece estoica y mis guías incansables no me sueltan.

No hay comentarios.: