lunes, 14 de enero de 2019

ChauDosMilDiezYOcho


"...no había nada, pero eso no quería decir que estuviera vacío. 
En la superficie completamente blanca se escondía algo por venir."
(Haruki Murakami)

Estar en la tierra del nopal a veces no deja tiempo para las letras. Siempre que planeo venir a casa vengo con proyectos de escritura y espacios de creación que al final no se dan paso porque los afectos son muchos y mis prioridades se vuelven otras, las de estar cerquita de los míos y dejarme ser. Además con dos sobris con varicela, he rendido mis días a su cuidado y he dejado que los planes corran paralelo para hacerme paso de otras formas, sin cambiar por un segundo cada experiencia regalada.

Por eso, a casi mediados del primer mes del nuevo año, apenas ahora escribo el post de cierre del otro; da igual, yo aún sigo enviando lindos deseos y sueños de prosperidad a quienes me encuentro en el camino. El año que se acabó fue fugaz e inesperado. Fungí como terapeuta, acompañante, docente, pedagoga, tallerista, consejera y compañera. Mi vida profesional dio giros locos, y mi vida personal afianzó lo que el corazón latía, con amistades certeras, espiritualidades renovadas y un amor que se volvió promesa. 

Fue un año tan tan pleno, y tan lleno de retos, de frustraciones, de risas y amores, que aún mi cuerpo lo procesa. Recordé la importancia de honrarme y cuidarme de energías absorbentes, fortalecí mis dones, mi corazón creció y se dejó abrirse vulnerable, aún no sabe bien cómo enfrentar las injusticias y los dolores que se encuentra, pero sabe que no puede esconderse inerte. Las revoluciones no paran, se fortalecen, y este nuevo ciclo, lo sé, será de batallas y gritos que se elevan. 

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