"...no había nada, pero eso no quería decir que estuviera vacío.
En la superficie completamente blanca se escondía algo por venir."
(Haruki Murakami)
Por eso, a casi mediados del primer mes del nuevo año, apenas ahora escribo el post de cierre del otro; da igual, yo aún sigo enviando lindos deseos y sueños de prosperidad a quienes me encuentro en el camino. El año que se acabó fue fugaz e inesperado. Fungí como terapeuta, acompañante, docente, pedagoga, tallerista, consejera y compañera. Mi vida profesional dio giros locos, y mi vida personal afianzó lo que el corazón latía, con amistades certeras, espiritualidades renovadas y un amor que se volvió promesa.
Fue un año tan tan pleno, y tan lleno de retos, de frustraciones, de risas y amores, que aún mi cuerpo lo procesa. Recordé la importancia de honrarme y cuidarme de energías absorbentes, fortalecí mis dones, mi corazón creció y se dejó abrirse vulnerable, aún no sabe bien cómo enfrentar las injusticias y los dolores que se encuentra, pero sabe que no puede esconderse inerte. Las revoluciones no paran, se fortalecen, y este nuevo ciclo, lo sé, será de batallas y gritos que se elevan.
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