Cambio.
Muto.
Me transformo.
Cambio por dentro y cambio por fuera.
Mi ser se transforma constantemente. Mi cuerpo es diferente, como lo es también mi espíritu, mi mente y energía toda. Parte del proceso de vivir es reecontrarse y reconocere en cada etapa. Reconocer las carcajadas de una vida en las líneas de los ojos, reconocer las tardes de sol en las pecas de los hombros y los trancazos en las cicatrices que me vuelven única. Reconocer, pues, las transformaciones, y darles la bienvenida.
Estos días veo mi cabello ondulado y oscuro, con canas blancas que reflejan cada rayo de luz. Hace no mucho tiempo el mismo pelo fue lacio, muy lacio, también fue más claro, y en algún momento puberil, incluso, peinó caireles que se fueron tan misteriosamente como vinieron. Más allá de los múltiples looks que yo he generado, lo que es sorprendente es la vida misma de este cabello, que decide mutar conmigo y desplegar un sinfín de estilos y sensaciones que van acordes a mi camino. Y ahora que me siento tan libre al viento, tan bruja, tan sirena, son estas ondas las que me hacen eco y me recuerdan que mis tantas caras son testimonio de una vida de guerrera, y que hay muchas muchas más esperando encontrarme en este paso metamórfico.

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