
Todo comenzó hace una semana, cuando L me dijo que acompañaría a E a IKEA y me extendió la invitación sabiendo que necesitaba un par de cosas, el plan era rentar una de las vans de la tienda y llevar todo nosotras a destino. Un día antes de la compradera L se dejó convencer por su familia de ir en el carro de su mamá loca, para ahorrar "el altísimo costo" del alquiler del vehículo.
A última hora descubrimos que el auto venía con la mamá loca, lo que desde el inicio implicó una gran sensación de presión y poca libertad de movimiento. Yo necesitaba un par de muebles, E necesitaba un montón de cosas porque se mudaba a un departamento vacío. Las compras fueron incómodas pero tolerables, al llegar a caja E se dio cuenta de que no recibirían su tarjeta pero también encontró el modo de saldar la cuenta. El problema empezó a la salida, cuando la mamá loca decidió que no entraría la mercancía en su auto y que nos tocaba entonces rentar un servicio de entrega a domicilio. Después de muchas disputas y una gran resistencia de mi parte, conseguimos un precio muy accesible en la renta de uno de los camiones; L se encargaría del manejo y entre las tres llevaríamos todo a ambas direcciones.
Que empezara a llover en el momento en el que salíamos debió ser un presagio. Tardamos mucho en volver a la ciudad porque no sabíamos el camino, pero al final encontramos el modo. Llovía bastante cuando tocó descargar la mercancía pero todo quedó en su sitio sano y salvo. Pa' el regreso decidimos tomar la misma ruta de venida "para ir a la segura", y a dos tercios de camino L se dio cuenta de que dejó los documentos del camión en una de las bolsas que dejamos en mi casa, a pesar de mi insistencia de volver por ellos se decidió seguir camino y esperar que el personal de la tienda entendiera nuestro error y nos permitiera volver más tarder con los papeles.
La lluvia arreciaba cuando nos dimos cuenta de que en algún punto dimos un mal giro... estábamos perdidas. Intentamos distintas alternativas que parecían lógicas pero cada intento sólo conseguía alejarnos de la civilización. En un punto nos encontramos en la autopista en medio de cientos de hectáreas de campo a nuestro alrededor, sin saber siquiera a que dirección girar el vehículo. Después de preguntar en distintos poblados conseguimos por fin llegar a IKEA con una hora de retraso y la mamá loca esperando por nosotras en el establecimiento.
Resumen de las siguientes horas: Después de peleas y negociaciones E y yo tomamos el tren de regreso para recoger los papeles -que no estaban en la bolsa en cuestión-, tuvimos que ir a la casa de L a buscar el ticket de la gasolina requerido -que ya había tirado a la basura-, volvimos en tren a la tienda y pagamos por el tiempo de retraso, bajamos con el encargado para comprobar que el tanque estaba lleno (por eso de que el ticket se había perdido) que nos regañó porque las luces habían quedado prendidas todo ese tiempo.
Después de retache en tren para llegar a casa... 12 horas duró la travesía. Compromisos fallidos, mucho cansancio y chorros de frustración quedan de la aventura, más la satisfacción de saber que poco a poco le sigo agregando cositas a mi espacio.
A última hora descubrimos que el auto venía con la mamá loca, lo que desde el inicio implicó una gran sensación de presión y poca libertad de movimiento. Yo necesitaba un par de muebles, E necesitaba un montón de cosas porque se mudaba a un departamento vacío. Las compras fueron incómodas pero tolerables, al llegar a caja E se dio cuenta de que no recibirían su tarjeta pero también encontró el modo de saldar la cuenta. El problema empezó a la salida, cuando la mamá loca decidió que no entraría la mercancía en su auto y que nos tocaba entonces rentar un servicio de entrega a domicilio. Después de muchas disputas y una gran resistencia de mi parte, conseguimos un precio muy accesible en la renta de uno de los camiones; L se encargaría del manejo y entre las tres llevaríamos todo a ambas direcciones.
Que empezara a llover en el momento en el que salíamos debió ser un presagio. Tardamos mucho en volver a la ciudad porque no sabíamos el camino, pero al final encontramos el modo. Llovía bastante cuando tocó descargar la mercancía pero todo quedó en su sitio sano y salvo. Pa' el regreso decidimos tomar la misma ruta de venida "para ir a la segura", y a dos tercios de camino L se dio cuenta de que dejó los documentos del camión en una de las bolsas que dejamos en mi casa, a pesar de mi insistencia de volver por ellos se decidió seguir camino y esperar que el personal de la tienda entendiera nuestro error y nos permitiera volver más tarder con los papeles.
La lluvia arreciaba cuando nos dimos cuenta de que en algún punto dimos un mal giro... estábamos perdidas. Intentamos distintas alternativas que parecían lógicas pero cada intento sólo conseguía alejarnos de la civilización. En un punto nos encontramos en la autopista en medio de cientos de hectáreas de campo a nuestro alrededor, sin saber siquiera a que dirección girar el vehículo. Después de preguntar en distintos poblados conseguimos por fin llegar a IKEA con una hora de retraso y la mamá loca esperando por nosotras en el establecimiento.
Resumen de las siguientes horas: Después de peleas y negociaciones E y yo tomamos el tren de regreso para recoger los papeles -que no estaban en la bolsa en cuestión-, tuvimos que ir a la casa de L a buscar el ticket de la gasolina requerido -que ya había tirado a la basura-, volvimos en tren a la tienda y pagamos por el tiempo de retraso, bajamos con el encargado para comprobar que el tanque estaba lleno (por eso de que el ticket se había perdido) que nos regañó porque las luces habían quedado prendidas todo ese tiempo.
Después de retache en tren para llegar a casa... 12 horas duró la travesía. Compromisos fallidos, mucho cansancio y chorros de frustración quedan de la aventura, más la satisfacción de saber que poco a poco le sigo agregando cositas a mi espacio.
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