“And those who were seen dancing were thought to be insane by those who could not hear the music.”
(Nietzche)
Un banco pequeñito lleno de gente, el aire viciado y olores varios daban pie a caras largas y miradas hastiadas, y un mal humor palpable que se intensificaba cada vez que la pantalla dejaba de marcar turnos. El tiempo parecía haberse congelado.
Y sentadita ahí, justo en el medio del gentío, una nena cantaba a todo pulmón sonriendo, con los ojos cerrados, mientras mecía su cuerpo al son de un ritmo propio. Y yo la vi y sonreí, y me acordé de que yo también tengo música dentro y que las circunstancias de afuera no son mías, mío es lo que decido hacer con ellas. Canté un poquito... después abrí mi libro y me perdí.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario