"La historia ama las paradojas"
(Bertolt Brecht)
Hace tiempo que en este espacio no hay anécdotas de "esas que sólo a mí me pasan"... no por ausencia de ellas, sino porque por alguna razón u otra les he restado relevancia. Y hoy que reflexiono sobre mi vida y sus reveses me doy cuenta de que esas historias son parte del motor de este asombro.
Ahora mismo, por ejemplo, tengo unas cuantas en el bolsillo. Una, la del título... prácticamente desde que llegué a tierras porteñas lidio con su homologación y aunque ya hace un año que entró a la instancia correspondiente, aún hoy me genera desajustes neuronales. Los absurdos requisitos, la inflexibilidad del personal a cargo en ambos países... la burocracia pues, con sus conocidas trabas procesales, protagonizaron el primer trecho tramitorio. Una vez adentro la onda era esperar... esperar poco porque a pesar de todo lo requerido mi uni y su respectivo plan de estudios cuentan ya con un preconvenio en el Ministerio de Educación. Pero la corta espera se convirtió en muchos meses, durante los cuales ha habido silencio, contactos que hicieron más contactos, la confesión de mi expediente perdido y los respectivos 15 días para encontrarlo, la incapacidad para sacar turno y un mail incompleto recibido en mi caseta de entrada que consta de una frase trunca, tan trunca como mi entendimiento del cosmos.
Las sensaciones son claras y contradictorias. Por un lado la desesperante frustración de los obstáculos y por el otro la calma que genera andar en terrenos conocidos. Porque si bien en otras tierras y en distintas circunstancias, la vida parece haberme elegido para vivir estos ciclos reiteradamente. Sé que cuando las cosas por fin salen se disparan las energías, como bala de cañón sin destino fijo que puede dar los giros más poderosos e impensados. Así que espero con ansias el lanzamiento, como fuego artificial que irá coloreando con sus proyectos el cielo.
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