"Pero de la luna no tenía miedo, porque era más lunar que solar y veía
con los ojos bien abiertos en las madrugadas tan oscuras la luna
siniestra en el cielo."
(Clarice Lispector)
Cuando
vivía en Barcelona solía salir de casa a las 6 am para cuidar a un
chiquito. El recorrido era largo pero lo disfrutaba, me gustaba el
inicio del día, los locales que abrían, el olor a pan recién horneado, y
ver pasar a los viejitos con sus carritos del mandado o tomando el
fresquito en la plaza. Lo disfrutaba... pero lo vivía desde afuera.
Porque me gusta la gente mañanera, sentir el sol que sale y el cielo que
despeja... pero dentro mío sigo entumecida, mi mente aún no arranca y
mi cuerpo pesa.
Soy
hija de la noche... mi alma es selenita y vive en contra de los
horarios convencionales. Mi mente se afila más tarde, se llena de vida y
se revoluciona en la medida en que el manto oscuro cubre la esfera. He
pasado una vida viviendo de cabeza, he aprendido a adaptarme y funcionar
en este mundo sistematizado, como en un disfraz que esconde mi
verdadera esencia.
Pero
me siento extranjera, impostora... sabiendo que en el fondo yo soy de
otra especie; la que vive a oscuras, la noctámbula que habla con las
estrellas, la de las luciérnagas, la que mengua y crece con la luna.
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