"When coincidences pile up in this way, one cannot help being impressed by them..."
(Carl Jung)
Por un tiempo, cuando era pequeña, la directora de mi escuela hacía las veces de transporte y me llevaba a casa, junto con dos chiquillos más. Obviando la seguridad vehicular, yo normalmente viajaba en el asiento de adelante sin cinturón de seguridad. Un día mis amiguitos se empecinaron en que me sentara con ellos, varias veces me negué (porque ir adelante era lo más fregón, of course) pero después de mucha insistencia decidí pasarme atrás con el auto en movimiento. Justo cuando atravesaba el espacio entre los dos asientos delanteros se abrió bruscamente la puerta del copiloto... afortunadamente yo ya estaba a salvo.
Compartí esta anécdota hace poco con mi madre, que me acababa de contar cómo su amiga se salvó de ser aplastada por un árbol caído, gracias a un mensaje telefónico que la hizo frenar en el momento justo antes de llegar a su auto. También recordamos aquella vez, hace tantísimos años, en que mi mamá se levantó de su asiento playero tan sólo un breve instante antes de que cayera ahí un coco de una larga palmera.
Mi anecdotario está lleno de historias como éstas, pero a veces necesito detenerme y recordar que los mensajes vuelan, llegan... sólo hay que tener sentidos y corazón atentos para escucharlos.
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