La alondra cantando
ondula
las nubes.
(Masaoka Shiki)
Pues ya está. Nuevamente mudada. Me he mudado muchas veces, y pienso que hay un historial de movimiento inherente a la familia; yo soy quizás la cola del cometa, la que sigue dando tirabuzones cuando el cuerpo se calma.
Los nuevos comienzos suelen ser caóticos, y este último coletazo no fue excepción. La cantidad de cosas que dejaron las viejas inquilinas rebasa mis palabras; entre basura, cajas, una cocina equipada [con todo y guisados], colección fetichista de llaves oxidadas y agujas de tejer, máquina de escribir, e incontables objetos, la primera impresión desmayó a más de una neurona. Algunos vecinos parecen ser una joyita. Pero con calma y optimismo todo se va ordenando, y de pronto nos encontramos en un lugar hermoso con una luz espectacular y muchos proyectos en puerta.
Y hay pájaros. Tantos cantos por tantos lados. Entonces sé que estamos en el lugar correcto, porque los pájaros se vinieron conmigo.
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