"Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla."
(Alejandra Pizarnik)
Ni bien había temblado recibí un mensaje de mi madre avisándome que todo estaba bien y muy poco después mis hermanos empezaron a comunicarse; ahí arrancó mi noche en vela.
Contactar a la gente querida y seguir compulsivamente los reportes llenaron las horas, mientras contenía las ganas locas de salir corriendo a abrazarlos. Así se viven las tragedias a la distancia, con miedo por mi gente y una estúpida sensación de culpa por no haber estado con ellos. Hice mi parte desde acá, mandé abrazos, escuché relatos y temores, y acompañé como mejor pude hacerlo, pero es grande la sensación de impotencia que da saber que la distancia es tan grande y tan poco mi alcance.
Más adelante el confort llegó de diversas maneras, varias personas de este lado se acercaron preocupadas y mandaron afecto y buenas vibras. Yo me sentí acompañada sabiendo que los míos, tan lejos, cuentan con muchos de nosotros; y que yo, tan aquí, tengo una red que me sostiene también.
Afortunadamente esta sacudida tan intensa no fue devastadora, si acaso magnificó la resiliencia de mi gente, su buen humor y su gran fuerza. Mucho amor y manos para las zonas afectadas, ahora toca la siguiente parte, mostrar cómo nuestra solidaridad reconstruye.
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